
En el norte de Bélgica, hay un punto donde confluyen la belleza de las épocas de antaño, edificios medievales que esconden mil historias que contar y símbolos de un pasado de prosperidad mágica en el surgimiento de nuestra civilización tal y como hoy la conocemos.
Y es que el gran comercio plantó sus cimientos en el mundo a través de las ferias comerciales en el siglo XIII celebradas en Brujas. Estos acontecimientos reunían a los mercaderes del mundo entero en torno a las exposiciones de los más variados productos fabricados en recónditas procedencias. Brujas se convirtió en la capital del comercio mundial, ganando una belleza que hasta el día de hoy se mantiene.
La capital flamenca tiene, pues, un atractivo arquitectónico que se potencia con la majestuosidad de sus paisajes, sus apacibles canales y sus calles cerradas al tránsito de vehículos. Brujas es una ciudad para recorrer caminando o en bicicleta, un centro histórico donde se concentran varios de los más grandes tesoros artísticos de la humanidad. Obras de Miguel Ángel (La Virgen con el Niño, por ejemplo) y la Basílica de la Sagrada Sangre, que según cuentan, conserva unas gotas de la sangre de Cristo.
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