La Costa de la Luz es un reclamo inmediato para todos aquellos viajeros que se quieran adentrar entre las elegantes líneas de sus playas que recorren la costa atlántica andaluza hasta llegar a una ciudad marcada por el carácter jocoso de sus gentes, por los fascinantes enclaves artísticos, por tener unos alrededores misteriosos, por ser la tierra de los más populares vinos de Andalucía… un reclamo por ser “simplemente” Cádiz.
Cádiz es conocida como la Tacita de Plata o Sirena del Océano tal vez porque es una ciudad que está rodeada prácticamente en su totalidad por el inmenso mar que la convierte en la bella Sirena del Océano Atlántico y en la envidia de muchas costas española.
Remontándonos a su pasado histórico, allá por el año 1100 a.C., la ciudad de Cádiz fue fundada por los fenicios de Tiro dándole el nombre de Gades o Gadir, para llamarla más tarde Julia Augusta Gaditana por los romanos. Gozó de un gran esplendor en la época romana y se convirtió en un importante enclave comercial ya que se considera que posee un puerto de primer orden. Mientras la invasión árabe fue puerto militar durante la época de los Abderramanes, estando muy ligada a la actividad comercial y marítima. Esta ciudad gaditana jugó un papel muy importante durante la invasión napoleónica ya que la lucha por la independencia española encontró en ella uno de los pilares más firmes.
Otro hecho histórico que no se puede pasar por alto fue que en Cádiz se reunieron las Cortes (de Cádiz) y allí proclamaron la famosa Constitución del año 1812 y cuyos miembros fueron proscriptos por Fernando VII que ascendió al trono el 19 de marzo de ese mismo año. La ciudad gaditana fue el marco escogido para cumplir un objetivo trascendental y primordial que siempre marcará el pasado de Cádiz: España al sufrir una invasión por parte de los franceses y contando como prisioneros a Napoleón, Carlos IV y Fernando VII, había que librar inmediatamente a España de los traidores, invasores, restituir al trono a Fernando VII, corregir abusos y establecer nuevas leyes. todo ello llevado a cabo en Cádiz. Así que tan importante acontecimiento no podía prescindir de un símbolo emblemático, el monumento a las Cortes y Sitio de Cádiz que representa el agradecimiento del pueblo gaditano.
Conociendo un poquito más la historia de Cádiz el caminante comprenderá y sentirá mejor todo lo que contemple a su alrededor. Un estupendo ejemplo para ver la combinación de dos estupendos estilos es la que ha ido sufriendo La Catedral de Cádiz. Primero predomina el estilo barroco en su planta, en el interior hasta el friso rococó después su fachada, cúpulas, torres en estilo neoclásico y ya en el interior se puede apreciar en la mayoría de los retablos y en el altar mayor el predominio del estilo neoclásico también. La colegiata de San Salvador que desde 1980 es catedral, constituye un fantástico templo y el convento de Santo Domingo, de estilo gótico, perteneciente a la época de la Reconquista con su bello claustro es el deleite de curiosos conforman otras muestras históricas que podemos apreciar viajando hasta Cádiz. Una construcción de gran relevancia histórica es el Ayuntamiento de la ciudad gaditana construido en 1799 sobre un proyecto esbozado por Torcuato Benjumeda.
Si Cádiz encierra embrujo, el casco antiguo de Jerez de la Frontera encierra un reconocimiento de Monumento Histórico Artístico, compuesto por casas de los siglos XVIII y XIX. San Lúcar de Barrameda, otra población perteneciente a Cádiz, encuentra su fin en el río Guadalquivir, presenta playas bañadas por el sol del Atlántico y esta población de casas blancas cuenta con un sinfín de monumentos: castillo de Santiago, la parroquia de Nuestra Señora de la O (la más antigua de la ciudad) o el palacio de Medina.
Si bordeamos las finas líneas de la costa nos encontramos con el conocido Puerto de Santa María cuna de orígenes griegos en la que residió Colón. Sus playas, famosas en todo el país, se extienden desde los restos de las antiguas murallas de vendaval del casco antiguo. Sus 800 metros de longitud y una anchura media de 30 metros, la convierten en una cristalina playa de arena fina y dorada, sin duda un gran deleite después de una dura jornada caminando de aquí para allá para conocer esta enigmática ciudad gaditana. Cádiz endulzará la estancia del viajero si prueba un vinito gaditano por ejemplo perteneciente a las marcas: Duff, Osborne, Terry o Caballero…
Siguiendo con la degustación vinícola, los vinos de Jerez son uno de los productos de la cultura andaluza de mayor empuje internacional. Resulta muy interesante visitar bodegas como las de Domecq o González Byass, entre otras. La manzanilla, un vino fino, único de Sanlúcar, sutil, seco, suave y con un toque amargo ¡hay que probarlo!
El carácter de sus habitantes ayuda a digerir todo lo que va conociendo a su paso el turista. Un talante jocoso y divertido que se pone de manifiesto en los espectaculares Carnavales de Cádiz. El carnaval gaditano, cuyo festejo data desde finales del siglo XVI, es la fiesta por excelencia de la ciudad. Una fiesta que se celebró sin ningún tipo de encorsetamiento hasta el 1862, año en que pasó a incluirse en el calendario festivo municipal. Entre las agrupaciones carnavalescas destacan: coros, chirigotas, cuartetos y más recientemente las comparsas, que con sus canciones llenas de humor e ironía hacen una crítica social en un tono distendido que, de vez en cuando no viene nada mal, ¿verdad?.

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He viajado por muchos lugares y Cádiz me ha gustado mucho. Es una ciudad que ofrece muchas cosas al visitante: alegría, fiesta, cultura y playa… poco se puede pedir más.