El Vaticano es el estado más pequeño del mundo, pero también uno de los más influyentes. De nombre oficial Stato della Cittá del Vaticano, queda situado dentro de la ciudad de Roma, cerca del río Tíber.
Abarca la basílica y la plaza de San Pedro, los palacios y jardines del Vaticano, la iglesia y el palacio de San Juan de Letrán, la “villa” papal de Castelgandolfo y 13 edificios fuera de los límites, que tienen el privilegio de la extraterritorialidad. Explicado así parece mucho, pero en realidad el Vaticano abarca la plaza de San Pedro y poco más, ya que su extensión total no llega a un Km². Italia es un estado de la Europa meridional bañado por el cálido mar Mediterráneo. Su territorio lo forman la península itálica, con su característica forma de bota y las dos grandes islas de Sicilia y Cerdeña y otras menores.
Tienen ciudadanía vaticana los miembros de la Iglesia que residen allí por sus funciones. Casi todos los funcionarios estables son de origen italiano, algunos son suizos y el resto proviene de distintos países. La religión del Vaticano es la católica y los idiomas son dos: italiano (estado) y latín (oficial de la iglesia). Hay dos administraciones paralelas: la Santa Sede, que es el órgano supremo de la Iglesia Católica y la Ciudad del Vaticano, que es la sede de la Iglesia. La capital es la Ciudad del Vaticano y cuenta con un total de 890 ciudadanos.
En cuanto al gobierno, hay una monarquía electiva vitalicia. El Papa es el Jefe de Estado, así como el obispo de Roma y el jefe supremo de la Iglesia Católica. El gobierno de la Iglesia está asesorado por los Cardenales y los Sínodos de Obispos. Los órganos administrativos de la Iglesia son un total de nueve Sagradas Congregaciones, tres Secretarías y varias comisiones, prefecturas y tribunales, que comprenden la Curia Romana.
El Vaticano tiene una apariencia de ciudad fortificada. Ello se debe a la labor de León IV, cuya voluntad fue construir las murallas medievales que la rodean por todos lados, exceptuando el extremo este, donde la apertura de la plaza de San Pedro delimita la frontera con Roma. Dicha plaza se extiende ante la gran basílica de San Pedro. Fue proyectada por uno de los maestros del barroco: Gian Lorenzo Bernini. Hay cuatro filas de columnas que forman la columnata elíptica que rodea el famoso obelisco ubicado en el centro de la piazza. Durante la antigüedad tal obelisco decoraba el circo de Calígula, sitio en el que fue martirizado y crucificado San Pedro. Y es que el Vaticano es un estado con historia.
La plaza nos abre paso a la basílica de San Pedro, que es la sede de la Iglesia católica. Los primeros cristianos levantaron una capilla pequeña en el sitio del martirio de San Pedro. Algunos años después Constantino mandó construir esa gran iglesia que guarda algunos tesoros de considerable valor. Éste es el caso de la Pietá de Miguel Ángel y de la imagen de San Pedro, que se atribuye a Arnolfo de Cambio, que data del siglo XIII. Participaron diferentes genios en tal construcción. Miguel Ángel es el autor de su popular cúpula. Hay cinco puertas que dan acceso al interior de la iglesia. Ésta está custodiada, de forma simbólica, por las estatuas ecuestres de Carlomagno y Constantino. La póstuma, a la derecha, es la Porta Santa, que es abierta y cerrada por el Papa en el año jubilar. En medio de la fachada se abre la logia destinada a la bendición “urbi et orbi” (ciudad y mundo). En medio del templo hallamos el baldaquino de Bernini. Es un grandioso dosel de bronce que se levanta sobre la parte más sagrada de la basílica. También encontramos los restos de San Pedro, que están situados bajo la iglesia, en el centro mismo de la necrópolis donde están los restos de distintos Papas. La Cattedra Petra aparece enmarcada por el baldaquino y es una obra de Bernini. Esta silla es de madera y está bañada en oro. Se puede decir que flota por encima de las manos de cuatro padres de la Iglesia, bajo la mirada de la Santísima Trinidad. La entrada a la cúpula se sitúa al lado derecho del pórtico.
Las logias enclavadas en sus pilastras tienen diferentes reliquias como la Verónica, que es una tela con la imagen de Jesucristo grabada. Desde este punto podremos observar los bellos jardines del Vaticano, donde hay varias fuentes (Galeón y Águila) y edificios pequeños (Casina di Pío IV). La basílica de San Pedro y los museos Vaticanos son los lugares abiertos al público. Sin embargo, se puede concertar la visita a los jardines y a la necrópolis de San Pedro mediante la oficina de información turística.
El Vaticano tiene algunos palacios que son la residencia oficial de los Papas desde el siglo XIII. En su interior hallamos los museos, de gran valor y hermosura. Su recorrido se detiene primero en la Capilla Sixtina (S. XV). El fabuloso fresco del techo, creado por Miguel Ángel, junto a las pinturas en las paredes laterales de Boticelli, Perugino y Ghirlandaio constituyen una de las joyas del arte universal. Unos años después de acabar el fresco del techo se encargó a Miguel Ángel pintar las paredes de la capilla con escenas del Juicio Final. El resultado fue y sigue siendo impresionante. En este caso las figuras se realizaron con dimensiones mayores. Además, los colores son alegres y transmiten una vivacidad inusual. Se trata de una imagen conmovedora que difícilmente te deja indiferente. Ante dicha obra se reúne el sacro colegio cada vez que se elige a un nuevo Papa.
Alrededor de la Capilla Sixtina encontramos las cuatro salas de Rafael: el vestíbulo de Constantino y las salas de La Segnatura, Heliodoro y de L’Incendio, cuyo nombre proviene del fuego que se propagó por el barrio del Borgo y que, según la leyenda, León IV apagó al hacer la señal de la cruz.
Otros sitios que valen la pena son: la capilla de san Nicolás, los aposentos de los Borgia, la biblioteca del Vaticano, que alberga el museo Chiaromonti, y el museo Pío-Clementino. Además, podemos visitar la pinacoteca que tiene una preciosa colección de pinturas de grandes artistas como: Da Vinci, Caravaggio y Giotto. Luego está el museo Profano Gregoriano, con distintos mosaicos que provienen de las termas de Caracalla.
El Vaticano es una ciudad pero también es un estado. Es diminuto pero con gran trascendencia. Es un lugar de peregrinaje y devoción, pero con verdaderos tesoros artísticos. Sobretodo si somos amantes del Renacimiento, tenemos motivos para visitar el Vaticano. Éstos sobran, incluso, en el caso de los católicos que ven en este lugar el centro humano de su fe espiritual.

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El estado más pequeño del mundo. En unas horas puede verse todo. Una buena vista se tiene si el viajero sube a lo más alto del la Catedral de San Pedro, ahora bien, hay que pagar para subir arriba. Es lo malo, que cobran por todo. Pero una vez arriba, las vistas de la Plaza de San Pedro y de Roma merecen la pena.
También es interante visitar la Plaza cuando la tarde se acaba y se encienden las farolas. Es muy bonito.
Si uno piensa ir a Roma sólamente para visitar el Vaticano es imporante que busque hotel cerca del Vaticano. Allí existe una buena oferta pero que sepa que queda un pelín lejos del centro de Roma.
El estado de El Vaticano puede verse en unas horas. Es majestuoso y de gran belleza. Si sólo se va a Roma para visitar la Catedral de San Pedro sí que resulta interesante buscar un hotel cerca.