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Egipto: El museo de la Historia

El griego Herodoto, considerado el “padre de la historia”, conoció Egipto en el siglo V a.C. Tras viajar por sus tierras y observar lo que el país africano le ofrecía, el sabio afirmó que “en ningún otro lugar hay tantas maravillas como en Egipto” y añadió que “fuera de Egipto no se verá nada de tan inefable grandeza”.

Desde entonces, millones de viajeros han recorrido el país de los faraones y han comprobado por si mismos la majestuosidad a la que Herodoto se refería.

Además, por si fuera poco, durante los últimos siglos el patrimonio egipcio no ha hecho más que enriquecerse. Al arte y la arquitectura que se conserva desde el antiguo imperio hay que sumar el legado que allí dejaron griegos y romanos, los monasterios y las iglesias que construyeron los primeros cristianos y todas las influencias que se han filtrado de sus vecinos. Todo ello sin olvidar lo que aportaron Francia e Inglaterra, que lucharon por el control de la zona durante décadas.

En la actualidad Egipto es un mundo de contrastes. En pleno siglo XXI, el viajero se encontrará con pueblos de adobe y repletos de ruinas milenarias pero también admirará rascacielos y edificios de acero y cristal en los núcleos urbanos. Núcleos donde un tráfico caótico de automóviles convive con los carros tirados por burros que todavía circulan sobre el asfalto. Claro que el antagonismo también se observa en las gentes. Por las aceras se cruzan jóvenes modernos adscritos a la “cultura de la marca” con otras personas que prefieren los largos trajes tradicionales.

Mientras, en los desiertos, los beduinos habitan en tiendas hechas de piel de cabra y utilizan los mismos artilugios con los que trabajaban sus ancestros hace miles de años.

El Cairo es la ciudad donde mejor se aprecia esa doble cara de Egipto. Con 16 millones de egipcios, árabes y africanos repartidos en 214 Km²., la capital no deja indiferente a nadie. Como cualquier gran urbe árabe, los sentidos disfrutarán de una enorme variedad de sensaciones en sus calles, aunque depende de que zona se recorra. El Cairo antiguo se caracteriza por sus casas de piedra que forman, sin aparente control, cientos de callejuelas estrechas y sin pavimentar en muchos casos. Dos elementos dominan la vida diaria en la zona, las más de 400 mezquitas que se aglutinan en ella y los bazares que aparecen allí donde existe un hueco para ellos. Por su parte, El Cairo nuevo retrata la vida moderna como cualquier otra ciudad, con grandes avenidas, edificios de oficinas, un intenso flujo de vehículos en sus calzadas y la contaminación inherente a las ciudades de gran tamaño.

A unos diez kilómetros al sur de la capital se encuentra Giza, con casi un millón de habitantes y con unos de los enclaves más reconocibles del planeta, sus pirámides. Situadas en la margen derecha del Nilo, las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino constituyen una de las siete maravillas del mundo antiguo y la única que se conserva hoy en día. Con más de 4.000 años de antigüedad, las tres enormes construcciones han servido como tumba a los grandes faraones egipcios, cuyos cuerpos momificados se cubrían de tesoros y objetos personales.

Pero para las civilizaciones posteriores, las pirámides siempre han sido mucho más que meros sepulcros. El interés que despertaron ya en los griegos y romanos sobrevive en la actualidad. Si la versión oficial sostiene que su edificación tuvo únicamente fines funerarios, el filósofo Aristóteles defendía que se levantaron con la intención de mantener ocupada a la población para no conspirar contra el faraón. Una teoría que choca con las que aseguran los esclavos del país realizaron el trabajo de trasladar y colocar las piedras. Hay incluso historiadores que no dudan en relacionar el conjunto de Giza con las pirámides del continente americano y estudiosos que apuntan a un posible origen extraterrestre. Más allá de leyendas e hipótesis, las pirámides asombran al visitante y obligan a preguntarse cómo se consiguieron elevar tales proyectos arquitectónicos con la precisión matemática que se demuestra en cada uno de sus grandes sillares. Todo ello sin olvidar su interior, repleto de galerías secretas que aún hoy no se han podido examinar en su totalidad.

Si el conjunto de Giza demuestra que los egipcios no sólo amaban las ciencias sino que las dominaban, Alejandría lo confirma. La ciudad se asienta a la derecha del delta del Nilo, en la costa sur del mar Mediterráneo. Su fama se debe en gran parte a su mítica biblioteca, fundada a lo largo del siglo III a. C. como centro del saber del “Museion”, una especie de comunidad de sabios instaurada por el rey Ptolomeo I y su hijo Ptolomeo II. Se estima que la biblioteca llegó a contener entre 500 mil y 700 mil pergaminos en sus años de mayor esplendor. Aunque se piensa que algunos de los rollos pudieran ser copias de otros que se guardaban en el mismo lugar, la cifra es aún inmensa para aquel momento.

Por desgracia, ninguno de los documentos han llegado enteros hasta nuestros días. Cuando César conquistó la ciudad, en el año 47 a. C., una parte importante del edificio ardió. Aunque los expertos no se han puesto de acuerdo, parece que los romanos pudieron compensar las pérdidas tras regalar a Cleopatra unos 200 mil ejemplares, pero de poco sirvieron. Unos siglos después, seguramente en el año 391 d. C., el Arzobispo Teófilo de Antioquia guió a los cristianos que invadieron y destruyeron el templo de Serapis con los manuscritos en su interior.

Nilo abajo, tras pasar por El Cairo, Giza y cientos de localidades, se llega a Luxor. El gran río africano siempre ha servido de nexo en el antiguo y nuevo Egipto. No en vano, de los 60 millones de habitantes del país, el 99% vive en sus orillas, unas tierras de una fertilidad que contrasta con los desiertos circundantes. Luxor ocupa el espacio que antes perteneció a Tebas, una de las capitales del antiguo imperio. En los tiempos de los faraones, la ciudad se dividía en dos partes como muestra de la importancia que para los egipcios tenía la muerte y la vida tras ella. La mitad oriental albergaba los palacios reales, los templos y los edificios administrativos. Por su parte, en el extremo occidental sólo tenía cabida todo lo relacionado con los fallecimientos, las tumbas y el culto a los difuntos.

En Luxor el turista se encuentra con otra de las maravillas del país del Nilo. El templo de Karnak es en realidad un conjunto de edificios y se construyó durante varias dinastías, pues cada mandatario hacía levantar un monumento en su honor. Se suele dividir en tres partes y la más interesante es, sin duda, la sala Hipóstila. Se trata de un espacio de 102 metros de ancho, 53 metros de profundidad y 134 columnas de más de 20 metros de altura cuya decoración revelaba el nombre de la divinidad a la que el faraón consagraba sus ofrendas. Un conjunto de una grandeza sobrecogedora que llegó a necesitar más de 80 mil trabajadores para sus ampliaciones y mantenimiento. Sin duda, un motivo más para que Herodoto calificara a Egipto como “el don del Nilo”.








...por Victor Regidor ...por Victor Regidor


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8 comentarios en Egipto: El museo de la Historia

  1. Ir a Egipto es un viaje casi obligado. El país es historia viva. El Nilo es la fuente de la vida y se nota en sus ciudades históricas.

  2. Siempre se puede contratar esos paquetes vacacionales que por 8 días nos hace una ruta por las principales ciudades y monumentos de Egipto. Creo yo que puede ser una buena manera de llevarse una impresión del país de los faraones.

  3. El título del texto es muy acertado ya que verdaderamente Egipto es un museo al aire libre. Es precioso levantarse por la mañana y ver por la ventana del hotel las pirámides. Es un viaje muy recomendable.

  4. Aquí os dejo una relación de lugares de interés y monumentos que uno no debe perderse en su viaje a Egipto:  Menfis y Sakkara: Las Pirámides de Onas, Serapum y las Mastabas; La Tumba de los Nobles, La Tumba de Betah, La Gran Pirámide, La Segunda Pirámide, La tercera Pirámide, La Barca del Sol, La Esfinge, Monumentos Cristianos, Edificios Islámicos, Centro Cultural (La Casa de la Opera), Torre El Cairo, El Museo Egipcio, Templo de Luxor, Los Templos de Karnak, Los Colosos de Memnon, Las Tumbas del Valles de los Reyes y del Valle de las Reinas, Templo de Ramseum II, Templo de Esna, Isla Elefantina, Nilometro, Isla Aguilica, El Obelisco Inacabado, Templo de Kalabsha, Templo de Kom Ombo, Templo de Edfu, Abu Simbel, Fortaleza del Arish, La Mezquita, Templo de Serabit, Pueblo Nweba, Pueblo de Basata, El Ain Sokhna…

    Ya ven, y eso es sólo el principio. Egipto es un país que promete una experiencia inigualable al visitante. Yo he estado unas 5 veces y ya pienso en volver otra vez a Egipto. Son muchas las excursiones que pueden hacerse a lo largo y ancho del país, Tierra de Faraones.

  5. Gracias por información sobre Egipto, me ha ido fenomenal para el viaje que he realizado al país. Recomendaría a todo un mundo que le guste la historia una visita a las principales ciudades de Egipto.

  6. Yo me apunto a viajar a Egipto en cualquier época del año, me encanta ese país. Un viaje a Egipto es, por encima de todo, un reencuentro con la Historia y codearse con la antigua civilización egipcia que tanto interés despierta en millones de personas.

  7. Una de las cosas que más me gustó de Egipto fue el crucero por el Nilo, partimos de Luxon, luego Aswan. Me impresionó muchísimo el tamaño de las ruinas, la escritura, a cada rato me preguntaba ¿quién habrá construido eso? Particularmente me encantó visitar el Valle de los Reyes.

  8. Me encantaría conocer Egipto, saber sobre su historia, cultura, y su gente. Además de esas pirámides tan famosas, debe ser un extraodinario lugar, espero algún día poder visitar ese país, saludos.

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