Ciudad monumental. Estas son las palabras que definen mejor el encanto de esta ciudad llena de historia y cultura, de tradiciones y leyendas.
Así, la ciudad gallega de Pontevedra es una villa pequeña y atractiva, situada al fondo de la ría del mismo nombre, junto al estuario del Lérez, cuenta con un prodigioso casco antiguo lleno de edificios y monumentos de notable interés turístico. Pontevedra todavía conserva su antigua tradición marinera. Los habitantes de esta ciudad pueden presumir de haber puesto su granito de arena en el descubrimiento del nuevo mundo, ya que en los astilleros de la localidad se construyó la carabela Santa María que llevaría a Colón rumbo a América.
La ciudad cuenta con un pasado mitológico. La fundación de la ciudad se debería, según la leyenda, a Teucro, un guerrero griego que la bautizaría bajo el nombre de Helenes. Si dejamos a un lado el pasado legendario de la ciudad, los historiadores aseguran que la actual Pontevedra es el resultado del crecimiento de la antigua urbe romana que se desarrolló alrededor del río Lérez.
Para llegar a la más chica de las siete ciudades de Galicia podemos hacerlo por carretera. En este sentido, la autopista del Atlántico que une Vigo con A Coruña es una buena opción. Por otro lado, tanto la autovía de las Rías Baixas como la del Noroeste también nos dirigirían hasta Pontevedra. Si no nos apetece conducir, tenemos la opción de llegar en tren, ya que la ciudad cuenta con una excelente combinación por vía férrea desde prácticamente todas las ciudades españolas. Para acceder a la ciudad por mar o por aire deberíamos hacer escala en Vigo y recorrer por carretera los pocos kilómetros que la separan de esta ciudad.
Pontevedra es una ciudad muy viva, acogedora, que mantiene esa calidez de las pequeñas ciudades abiertas al mar. Aquí hay tiempo para deambular por el casco antiguo, contemplar la ría o para sentarse a tomar unas copas en los múltiples bares que inundan la ciudad. Todo es un buen comienzo para salir de ruta por la ciudad, con la ventaja de las ciudades pequeñas que ofrecen la posibilidad de conocerlas de cabo a rabo sin tener que realizar muchos kilómetros.
El itinerario para empezar a conocer la ciudad podría iniciarse recorriendo la Alameda, una plaza alargada en la que se encuentran las ruinas de Santo Domingo, restos de una iglesia que erigieron los Dominicos en el siglo XIII y de la que destaca la cabecera del templo gótico. De ahí al corazón de la ciudad, la conocida plaza da Ferreria, hay muy poca distancia y se merece una visita. Sería, también, un buen momento para tomarnos un respiro en una de las terrazas ubicadas en la plaza, el tiempo justo para reponer fuerzas y poder visitar la iglesia de San Francisco del siglo XIV. En el interior de este templo cabe destacar los antiguos sarcófagos que acoge, uno de ellos es el de Paio Gómez Charino del siglo XII. El santuario de la virgen Peregrina, patrona de la ciudad, también está junto a la plaza. Se trata de un templo curioso y destaca por su planta circular que recuerda la concha de una vieira.
De todas maneras, lo más interesante y de principal núcleo de interés es la Iglesia de Santa María. La Basílica, una de las joyas del arte gallego, fue construida a primeros del siglo XIV en un gótico tardío y costeada por el gremio de marineros. Lo más notable es su hermosa fachada plateresca, obra de Cornelius de Holanda y Juan Noble, en cuya parte posterior se encuentra la representación de la Trinidad.
Pero esta ciudad gallega es mucho más que monumentos. En Pontevedra se respira cultura. Un restaurado Teatro Principal se convierte en sede de todo tipo de actuaciones que van desde conciertos a exposiciones, pasando por continuas proyecciones cinematográficas. Por ser una ciudad pequeña su actividad musical es envidiable, cuenta con varias corales reconocidas y admiradas. Otro dinamizador cultural de la histórica ciudad, aparte del pazo da cultura formado por el palacio de congresos y exposiciones, es el Museo Provincial, creado en 1927 por la diputación y que está considerado como uno de los mejores museos de España. Estimado monumento histórico-artístico desde 1962 vale la pena hacerle una visita. Los verdaderos apasionados del arte pueden perder ahí una tarde si se disponen a examinar todas las piezas y documentos históricos que alberga.
Pontevedra también es tierra de fiestas y tradiciones. Las festividades más grandes son en honor a su patrona, la Virgen peregrina y discurren a mediados del mes de agosto con sus concursos folklóricos, sus batallas de flores y con corridas de toros incluidas. También destaca la romería de San Betiño de Lérez, declarada de interés turístico y que se celebra el 21 de marzo y el 11 de julio. Pero Pontevedra es una fiesta permanente y tiene su enganche en los numerosos cafés y bares, con sus terrazas veraniegas y con su concurrida movida nocturna de discotecas.
Finalmente, uno no puede abandonar la ciudad sin haber probado su exquisita cocina. Los amantes de la buena restauración encontrarán en Pontevedra un sinfín de posibilidades de deleitarse de una de las mejores cocinas españolas, la gallega. Todas las especialidades de esta comunidad autónoma del norte de España están presentes en la mesa pontevedresa. Marisco, recién pescado, en abundancia: las ostras y los mejillones mejores del país. Aparte del marisco, los amantes del pescado tienen la opción de probar la anguila o la lamprea de río. Todas estas delicias marinas pueden ir acompañadas perfectamente con el vino de denominación de origen de la región: el Albariño. Si después de atiborrarnos de marisco todavía nos queda un hueco en el estómago, Pontevedra cuenta con una codiciada repostería de la que se debe probar, la tarta hecha de almendra o sus típicos roscones.
La magia que esconde Pontevedra la convierte en un destino turístico por excelencia. La pequeña villa está dotada de un clima suave durante todo el año, hecho que hace de la ciudad más coqueta de Galicia el lugar perfecto para disfrutar de unas vacaciones tranquilas y llenas de posibilidades. Las innombrables rutas turísticas marcadas para recorrer la ciudad no dejarán indiferente al viajero que pise Pontevedra. Cultura, monumentos, fiestas tradicionales y buena cocina se unen para regalarnos una estadía de ensueño.

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