Dublín, la capital de Irlanda, se encuentra estupendamente situada en el estuario de un río costero protegida por una bahía.
Desde el Four Courts, en el centro de la ciudad se obtienen unas maravillosas vistas de la bahía y de las montañas de Dublín y Wicklow que se elevan hacia el sur.
De la ciudad destacan principalmente los edificios que datan de la época de los reyes Jorge I y Jorge II, aunque algunos de sus otros monumentos están también cargados de historia como: el castillo, el Trinity College, la Catedral, la General Post Office, etc…
La ciudad está claramente dividida en dos partes por el río Liffey. Hacia el sur se encuentran algunas de las principales atracciones de la ciudad, así como placitas llenas de encanto y viviendas de la época georgiana hoy en día muy apreciadas.
Podemos empezar nuestra visita en O’Connell Bridge y desde allí, dirigirnos siguiendo Westmoreland Street al Parlamento uno de los edificios más majestuosos de la ciudad. Se trata de una construcción del siglo XVIII, en la que actualmente se encuentra el Banco de Irlanda.
Si seguimos hacia el oeste nos encontraremos con el elegante campus del Trinity College, un importante centro cultural irlandés, del que no podemos perdernos su biblioteca que cuenta con el tesoro literario más importante de Irlanda: el Libro de Kells; un excepcional manuscrito ilustrado.
Para los apasionados del arte se recomienda la colección de la galería Douglas Hyde; y para los amantes de la época georgiana el Provost’s House (la casa del rector) que cuenta con el salón más impresionante de Irlanda. Justo al lado se encuentra una de las calles más animadas de la ciudad: Grafton Street.
Esta calle peatonal está bordeada por los almacenes más bellos de Dublín y cuenta con un mercado de flores al aire libre. A pesar de su actual vocación comercial se ha intentado conservar el carácter antiguo del barrio. Los modernos escaparates no ocultan las bellas fachadas de antiguas instituciones como la Bewley’s Coffee House, un ejemplo del tradicionalismo victoriano que fue lugar de reunión de los irlandeses desde su fundación en 1840.
Siguiendo el trazado de la Lower Lesson Street se accede a St Stephen Green, un parque pequeño pero encantador, que suele ser uno de los lugares preferidos de la ciudad para el esparcimiento. El parque, que ocupa una superficie de 9 hectáreas fue diseñado en 1880 por Arthur Edward Guinnes. En la esquina nororiental se encuentra el centro neurálgico de las instituciones culturales de la ciudad. Una de ellas es el National Museum, que fue inaugurado en 1890, y su fama se debe a la impresionante colección de antigüedades irlandesas que se dividen en dos grupos. Por un lado está el Treasury que describe el desarrollo del arte irlandés desde la Prehistoria hasta finales de la Edad Media; y por otro está el Dublín 1000, una exposición en la que se muestra la vida cotidiana de los habitantes de una población irlandesa durante las épocas vikinga y anglonormanda.
Los otros destacados edificios culturales son: la galería Nacional de Irlanda (importante por contar con una gran obra de Caravaggio “El prendimiento de Cristo”); el museo de Historia Natural; y la Biblioteca Nacional. Esta última, que hace juego con el edificio del National Museum es famosas por la novela de James Joyce “Ulises”.
Una vez visto todo esto, si continuamos hacia el oeste llegaremos hasta Merrion Square, uno de los núcleos arquitectónicos georgianos más famosos de Dublín. La plaza, en su zona central, está decorada con un bello jardín, mientras que los alrededores corresponden a impresionantes residencias estilo georgiano de ladrillo rojo. Aunque se parecen todas entre sí, cada una tiene su marca original.
Otra zona diferenciada de la capital es la conocida con el nombre de: ciudad medieval. En ella también encontramos grandes monumentos de obligada visita:
Sin duda el más importante es la catedral de San Patricio, que llama inmediatamente la atención. Fue construida en el SXII fuera de la muralla de la ciudad, y en el que debemos prestar particular atención al coro, magníficamente engalanado con coloristas estandartes medievales.
La Christ Church, se encuentra a tan sólo 400 m de St Patrick’s. Es una famosa catedral anglicana que data del SXI aunque fue reconstruida en el SXII, cuya cripta subterránea constituye la construcción más longeva de la capital. El Dublin Castle, visitado por muchos turistas, es famoso por las excavaciones vikingas que hay en su interior.
Otra de las más importantes arterias de la ciudad es O’Connell Street, donde podremos ver: la General Post Office edificio construido en 1815 que fue cuartel general de los rebeldes en 1916; el Dublín Writers Museum ( museo de los escritores de Dublín); y la Hugh Lane Municpal Gallery of Modern Art ( galería municipal de Arte Moderno).
La zona de marcha de la ciudad se concentra en la zona conocida con el nombre de Temple Bar. Está constituida por multitud de estrechas calles llenas de bares todo tipo y pequeños comercios.
No podemos abandonar la ciudad sin visitar el Dublín Castle. Después de varias restauraciones en la actualidad se utiliza en su mayor parte con fines gubernamentales. En el patio inferior del castillo se encuentra la Record Tower, que es la torre más antigua y constituye la mayor reliquia que se conserva de las construcciones originales de estilo románico normando. Se pueden realizar visitas guiadas por los principales aposentos oficiales del castillo entre los que destacan: el Saint Patrick Hall, el Round Drawing Room y el Wedgwood Room.
Por último destacar la Guinnes Hop Store donde se fabrica la famosa cerveza negra y aunque está un poco a las afueras merece la pena ir a ver.

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Me gusta mucho viajar a Dublín. Recomendaría a todo el mundo una visita a la magnífica biblioteca que tiene el Trinity Collage. Es como una película de Harry Potter. Os gustará.
Una buena época para visitar la ciudad de Dublín puede ser coincidiendo con la festividad de Halloween, es una fiesta proveniente de la cultura céltica que da a Dublín un toque muy especial esa especial noche del Terror. Os lo recomiendo.