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España: La Coruña: Precipitación del Norte

La Coruña es una ciudad maravillosa del Norte de España.

Su tradición histórica, sus costumbres unidas y dependientes del mar y las rías que conforman su peculiar relieve, sus costa cantábrica y atlántica a la vez, el carácter abierto y cariñoso de sus gentes, las posibilidades paisajísticas de la provincia e incluso el clima acostumbrado a las constantes precipitaciones, hacen que el viaje se convierta en una oferta original que nos invita a disfrutar de verdad de una tierra diferente.

El municipio de La Coruña está situado en el extremo noroccidental de España y forma parte de la Comunidad Autónoma de Galicia, teniendo la capitalidad administrativa. Se encuentra en el amplio entrante comprendido entre la península de Hércules y el cabo Prioriño, en el que se abren confluentes las rías de La Coruña, Betanzos, Ares y el Ferrol. Es notable el movimiento comercial portuario de esta ciudad atlántica con clima suave.

Dada la escasez de suelo y la necesidad de lugares de esparcimiento urbano hace que éste sea más rentable como solar edificable, determinando que las superficies dedicadas a la actividad agrícola e industrial se trasladen actualmente a los municipios limítrofes de La Coruña. No obstante, su carácter de municipio costero otorga a la pesca gran importancia. Todo esto hace que el sector Servicios sea el predominante en la ciudad, constituyéndose en el centro económico y cultural del área o comarca circundante. Es la metrópoli regional.

La ruta cultural
Los romanos llegan a Galicia en el siglo II a. C. dadas las riquezas minerales de la zona, y por intereses militares de colonización y reclutamiento de soldados. Es así como en el año 62 a. C. el propio Julio César llega a Brigantium (La Coruña actual), buscando la ruta de los metales, por medio de la cual se establece el comercio con Francia, Inglaterra, Portugal, etc.
 
En poco tiempo llegaría a ser una ciudad de cierta importancia en el comercio marítimo como lo demuestra la construcción del Faro, que tuvo lugar en el primer o segundo siglo de la era cristiana.

La influencia de los romanos fue importante y afectó a la forma de vida de los habitantes del país: lengua, religión, cultura, etc., dada la larga duración del asentamiento.

Durante los siglos que sucedieron a la ocupación romana poco sabemos de La Coruña: es una época de oscuridad de la que no se tienen datos escritos. Suponemos que sufriría las invasiones de los pueblos septentrionales, que en el siglo V penetraron en España, con lo que la población se vio afectada por los mismos destrozos que otras muchas ciudades.

La entrada de los árabes en el siglo VIII fue breve y pasajera debido a la resistencia del pueblo gallego. Como hecho importante, cabe destacar el desembarco en el Faro Brigantium de los temidos Normandos en el siglo IX (año 846).

En la sociedad de esta época imperan los señoríos feudales, ejercidos por obispos, monasterios y nobles. Durante estos siglos, la mayor parte de la población reside en la Ciudad Vieja. Alfonso IX decide trasladar la población que residía en el Burgo a La Coruña, y otorga a los habitantes en 1188 el Fuero de Benavente, con lo cual se poblaron la mayor parte de los lugares de Galicia. Años más tarde, Alfonso X el Sabio concede a La Coruña el privilegio de ser puerto donde la sal pudiese ser libremente desembarcada y vendida sin pagar ningún impuesto.

El crecimiento de la ciudad en estos siglos viene dado por la expansión económica de base agrícola y sobre todo por la reactivación del comercio marítimo. De esta época son las agrupaciones gremiales formadas en las calles y que les dan nombre.

Reinando Juan II, la villa recibe el título de ciudad en 1446. Este monarca también autorizó el libre comercio entre Inglaterra y La Coruña. De este modo, la potencia comercial de La Coruña se vio fortalecida de forma importante.

Durante el reinado de los Reyes Católicos se eximió a los marineros y navegantes de pagar la llamada “quintalada”, que consistía en un cuarto de tonel de vino, un mojo de sal, cinco millares de sardinas y un carro de madera. Carlos I otorgó dos privilegios importantes: permitirá la celebración de un mercado franco los sábados y se creará por mandato de la casa real la Casa de Contratación para la especiería.

No tardaría en llegar a La Coruña la epidemia de peste que azotaba a toda Galicia. Para combatir los trágicos efectos existían dos hospitales, el de San Andrés y el del Buen Suceso.

La enemistad entre Felipe II y la reina Isabel de Inglaterra (debida a diferencias religiosas, recrudecida por el envío de la Armada Invencible, etc.), hizo que Isabel mandase distintas escuadras para luchar contra la monarquía española. Una de estas escuadraras fue la que estaba bajo el mando del Almirante Francis Drake en 1589. La escuadra inglesa se retiró el 19 de mayo después de quemar el monasterio de Santo Domingo, el barrio de la parroquia de Santo Tomás y el arrabal de la pescadería.

Asimismo, durante el reinado de este monarca se produjo el traslado de la Real Audiencia desde Santiago a La Coruña

Durante el siglo XVII la ciudad pasa de ser una ciudad privilegiada y cuidada por los monarcas a ser una ciudad castigada con impuestos y servicios. Son constantes las peticiones de la Hacienda Real solicitando hombres, ganados y otros artículos a causa de las continuas guerras, algunas de ellas simultáneas, a las que tenía que hacer frente la monarquía.

A principios de siglo, el Capitán General y Gobernador Diego das Mariñas mejorará las fortificaciones de la plaza; se construyó la Puerta de San Miguel y se amplía la muralla, quedando en su interior el Convento de San Francisco y el Hospital del Buen Suceso.

En 1620, reinando Felipe III, se crea la Escuela de los Muchachos del Mar, que tenía por sede la Casa de la Moneda y que años más tarde, en el reinado de Felipe IV pasaría a ocupar parte del Hospital de San Andrés.

En el año 1623 Galicia alcanza una representación propia en las Cortes; se desliga así de las de Zamora, a las que estaba vinculada hasta ése momento.

En 1682, siendo Capitán General el Duque de Eceda, se decide restaurar la Torre de Hércules, que estaba en un completo estado de abandono. Esta obra fue encargada al arquitecto Antúnez. Los cónsules de Inglaterra, Holanda y Flandes contribuyeron a sufragar los gastos de la restauración.

En 1689 un acuerdo entre los monarcas de España e Inglaterra decide que el correo entre los dos países se realizará entre La Coruña y Falmouth.

En noviembre de 1700 muere Carlos II sin sucesión, dejando la corona de España al duque de Anjou (Felipe V). Esta decisión choca con los intereses de Inglaterra, Holanda y Portugal, que pretendían la invalidación del testamento de Carlos II y defendían el derecho de la Casa de Austria al trono español.

Durante la Guerra de Sucesión, que durará 14 años, la ciudad de La Coruña no padeció ningún ataque, pero vio cómo los impuestos aumentaban, sufrió reclutamientos, gastos de fortificación,…. etc. al igual que sucediera en las guerras del siglo anterior.

Una vez finalizada la guerra, se creó en 1716 la Intendencia General de Galicia en La Coruña, que en aquel tiempo se denominaba de Hacienda, Guerra y Policía. La recuperación económica comienza en los años de mitad de la centuria, propiciada por las actividades productoras y exportadoras de los empresarios catalanes afincados en la ciudad, así como por las numerosas actividades fabriles. Esta expansión viene dada por dos factores: Las líneas marítimas de las Indias (a la Habana, a Montevideo y Buenos Aires), con salida y retorno a La Coruña como único puerto de la península. Autorización a trece puertos, entre ellos el de La Coruña, para comerciar con América, otorgada por Carlos III en 1778.

De forma paralela a esta bonanza económica se produjo un importante aumento poblacional, alcanzándose la cifra de 10.000 habitantes. Desde mediados del siglo XVIII llegaron a la ciudad catalanes y vascos especializados en el gran comercio naval, en la industria y en el comercio. Sin duda, en esta segunda mitad del siglo XVIII y el mismo XIX la actividad lucrativa fue el comercio marítimo. Además de transportar productos como lino, pieles, tabaco, sal, etc., algunos empresarios tenían barcos dedicados al tráfico de esclavos.

Además, en esta segunda mitad del siglo se produjeron mejoras en la ciudad: ampliación de las redes de comunicación rematándose los caminos reales de Madrid y Santiago, iluminación pública, etc. Fue en la primera mitad del siglo XIX, cuando la población experimentó un gran aumento. De forma paralela, la ciudad lleva a cabo grandes transformaciones en su configuración urbana: se articularon espacios públicos para plazas y paseos, quedan determinadas las vías de comunicación de la ciudad con el exterior, surgen edificios públicos en la Pescadería, las edificaciones de cara a la bahía se agrupan por bloques.

La Guerra de la Independencia marcó el declive en las actividades económicas, ya que la introducción de productos foráneos frenó las actividades comerciales. A pesar de que en este periodo se instalan en la ciudad nuevas empresas como la Fábrica de Vidrio “La Coruñesa”, pequeñas fábricas de carbón o una de fundición de hierro de Galiciacho.

A finales de mayo de 1808, la invasión francesa era una realidad. La Coruña, liderada por Sinforiano López, fue la única ciudad de Galicia que opuso resistencia, sufriendo varias batallas, siendo representativa la llamada de Elviña. A finales de mayo de 1809 los franceses abandonaron Galicia.

Cabe destacar durante esta época la Expedición Balmis, que llevó la vacuna antivariólica a casi toda América y a Filipinas, siendo ésta la primera expedición sanitaria internacional. Se inició el proceso de constitución de las juntas de defensa que culminó con la Junta Suprema del Reino de Galicia, ubicada en La Coruña.

Con la vuelta al absolutismo varios coruñeses fueron víctimas de la Inquisición, entre los que se encontraba el General Lacy, además de veintitrés comerciantes. El mismo Sinforiano López murió víctima del absolutismo en 1815.

El 19 de agosto de 1815 se pronuncia en la ciudad el mariscal de campo Díaz Porlier, “El Marquesito”, con el objetivo de restaurar la Constitución de 1812, contando con el apoyo de la burguesía y la intelectualidad coruñesa. Sin embargo, no llegó a darse ningún enfrentamiento armado, puesto que el día 22 el militar liberal era traicionado, siendo capturado y llevado al Castillo de San Antón, para ser ahorcado dos meses después.

El 20 de febrero de 1820 La Coruña apoyó el pronunciamiento de Riego. La burguesía coruñesa apoyó decididamente la acción militar, viviendo una nueva experiencia liberal (1820-1823) rematada por los “Cien mil hijos de San Luís”. A la ciudad herculina llegó una parte de los mismos al mando del general Burke, quien, tras asediar la ciudad, la conquistó.

Años más tarde sería otra vez La Coruña la primera ciudad gallega en pronunciarse frente al nuevo dictador (Espartero).

Con la llegada del moderado Narváez al poder fueron enviadas a Galicia personas para controlar la situación política. Así llega como gobernador civil de La Coruña el brigadier Martínez.

Durante estos años tiene lugar una nueva onda expansiva de la economía española y surgen en la ciudad nuevas empresas como la “Primera Coruñesa de Hilados y Tejidos” en 1882, dos refinerías, o la fábrica “La Artística”, de estampación de hoja de lata. Paralelo a esto, y por la ley de 1856, son fundados varios bancos de emisión, como el Banco de La Coruña, sustituido más tarde por “El Crédito Gallego”, origen de la Caja de Ahorros de la ciudad. Asimismo, en 1875 se instaló en la ciudad la sucursal del Banco de España. En esta época, la ciudad llegó a superar los cuarenta mil habitantes.

Es importante mencionar la revuelta de septiembre de 1868, durante la cual se constituyeron en las ciudades gallegas nuevas juntas revolucionarias, en esta ocasión de marcado carácter conservador. Como hecho destacado señalar que en marzo de 1893 se fundó la Junta de Defensa de La Coruña, debido al intento de traslado de la Capitanía General para León.

Como resultado del expansionismo industrial, existió un núcleo interesante de operarios organizados y dispuestos a luchar por la conquista de sus derechos, de modo que de 1900 a 1923 fue una de las ciudades, a nivel estatal, cuna de de las mejores organizaciones sindicales, destacando la tendencia anarco-sindicalista. En 1904 el anarco-sindicalismo contaba con cuatro mil afiliados, en una ciudad de cuarenta y cinco mil habitantes. La conflictividad laboral fue de las más altas del Estado, consiguiéndose avances sociales (por ejemplo, jornada laboral de ocho horas) antes que en el resto de España.
 
Entre finales del siglo XIX y principios del XX la cultura arquitectónica de vanguardia tuvo buena acogida en amplias capas de población, con la penetración del modernismo, tanto en la construcción de viviendas como de quioscos, cafés, ultramarinos, etc., gracias a arquitectos como Antonio López, Pedro Mariño o Julio Galán. En los años veinte, con el eclecticismo son construidas las viviendas de clase media del Ensanche al tiempo que se levantaron los edificios del Banco Pastor (1921) o del Banco de La Coruña (1923). Durante la república el racionalismo también dejaría notarse en la ciudad.

La segunda experiencia republicana se vio truncada por el levantamiento militar de 1936. En La Coruña, para intentar evitar el triunfo que posteriormente los rebeldes conseguirían, se celebró el 18 de julio una asamblea en la plaza de toros, convocada por la CNT.

En los tiempos del franquismo, la ciudad experimentó un fuerte crecimiento en todos los aspectos. En términos demográficos se pasó de setenta mil habitantes en los años treinta a ciento treinta mil en los años cincuenta, instalándose en la ciudad nuevas industrias. La expansión urbanística fue constante y así surgieron los barrios de Los Mallos, de Agra do Orzán, de Labañou, el Barrio de las Flores, etc.

Con el franquismo, todos los intentos vanguardistas desaparecen, y no surgen los primeros síntomas renovadores hasta los años sesenta.

Se pueden resaltar tres rutas en el interior de la ciudad: Paseo por la Ciudad Vieja. Paseo por la Ciudad Modernista. Ruta Picasso.

La ruta gastronómica
Recomendamos los paseos por los restaurantes, bares, y tascas de la ciudad para degustar los distintos productos de la costa y de las rías que hacen de la comida gallega una de las más importantes representaciones de la dieta mediterránea. Las vieras con chorizo, los distintos pescados y mariscos, el tratamiento de la carne, la queimada en los postres y un largo etc. de exquisitos platos y postres representante de una cultura gastronómica excepcional como es la gallega.

Las rutas de la naturaleza
En un primer término, por proximidad, la zona de las Rías Altas, “A Costa da Morte”, las comarcas de “As Mariñas”, “Os Bergantiños”, y, en segundo término, el resto de Galicia, hacen de La Coruña un enclave privilegiado para explorar rutas en un espacio natural privilegiado. En concreto, tomando la ciudad como partida, se pueden emprender rutas y excursiones a sus inmediaciones en tres direcciones distintas: Camino de Santiago. Ruta occidental. A Costa da Morte. Ruta Norte. Golfo Ártabro, Rías Altas y Río Eume. Terra das Mariñas. Asociación Terra das Mariñas. Concello de Arteixo. Concello de Bergondo. Concello de Cambre. Concello de Carral. Concello de Oleiros.

La provincia
La provincia de La Coruña está situada en el extremo Nororiental de la península. Sus extremos septentrional y occidental lo son igualmente de la España peninsular. Limita al Norte con el Mar Cantábrico, al Este con Lugo, al Sur con Pontevedra y al Oeste con el océano Atlántico.

El clima coruñés es templado, húmedo, del tipo atlántico y es una de las provincias más lluviosas de España. El manto vegetal es el característico de la España homohúmeda: bosques de roble, helechos, brezos y otros en el monte bajo, riveras con chopos, álamos y abedules y los extensos prados naturales base primordial de la cabaña vacuna.

La ruta de la peregrinación
A Coruña, es un mundo en una sola Provincia. Un recorrido por zonas y lugares que trasmiten mil sensaciones, donde tierra y mar se funden, donde la naturaleza convive con el arte, donde todo invita a disfrutar. Caminos entre paisajes que transmiten mil sensaciones

En el Camino de Santiago no hay un camino a Compostela, hay caminos que confluyen en otros, con un laberinto de santuarios que invitan al peregrino.

La ruta de la costa
A Costa da Morte, es un viaje de historia y de arte, de cultura y sabor, de piedra y silencio. Las playas de la provincia son un reclamo turístico para el que le gusta disfrutar del mar, la sal, la pesca y el sol del norte de España.

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