Montreal es la ciudad francesa más grande del mundo después de París.
Se trata de una metrópoli moderna que combina perfectamente su romanticismo con su afán de negocios, sus edificios históricos con sus estructuras más innovadoras, para dar como resultado una localidad donde se respira calidad de vida y diversión.
Esta enorme urbe, situada a la Isla de Montreal, está bañada por dos ríos: el San Lorenzo y el Ottawa, que rodean la parte vieja de la ciudad, la Vieux-Montréal.
Si la Vieux-Montréal, con sus calles estrechas y adoquinadas, ocupa la orilla de los ríos, la zona comercial se encuentra más al norte, extendiéndose a lo largo de la Rue Sainte-Catherine. Es una de las zonas más animadas de la ciudad, repleta de tiendas y restaurantes, un lugar de encuentro durante el día y todo un centro de ocio nocturno.
Pero, bajo la superficie de esta encantadora metrópoli se esconde un laberinto de túneles llenos de tiendas, centros de entretenimiento, restaurantes y hasta hoteles, que dan lugar a una enigmática vida suburbana. Parece como si Montreal se dividiera en dos mundos: una ciudad abierta, común y una ciudad subterránea, original y misteriosa. Pero Montreal no sólo cobra vida bajo tierra. Hace años que la región sufrió una espectacular erupción volcánica dejando en la ciudad de Montreal una cima de 250 metros de altura. Conocida con el nombre de Mont-Royal, los habitantes de la ciudad la denominan “la montaña” y se ha convertido en el lugar indicado para escapar del estrés de la vida cotidiana. Esta ostentosa colina acoge un parque, el lugar ideal de Montreal para poder gozar de la naturaleza y contemplar unas panorámicas fantásticas de la metrópoli.
El centro de la ciudad es otro punto de interés para aquellos que deseen conocer de cerca el espíritu montrealino, parte de sus costumbres y de su cultura. Infinidad de tiendas, hoteles lujosos y numerosos museos dan vida al corazón de esta metrópoli francófona. El Musée des Beaux Arts es uno de ellos y alberga la colección más antigua y extensa de Quebec. A pocos metros está la universidad McGill University, sede del Museo de Historia Natural Redpath, el lugar perfecto para estudiar minerales y fósiles.
Como toda ciudad cosmopolita, Montreal es un centro de arte y cultura. La Place des Arts es el principal escenario para desarrollar todo este conocimiento. Aparte del Museo de Arte Contemporáneo, la única institución canadiense dedicada exclusivamente al arte moderno, este lugar tan erudito es sede de los teatros Maisonneuve y Port-Royal, donde continuamente se representan obras de renombre internacional. Además, en esta misma plaza se localiza la Salle Wilfred Pelletier que es la sede de la Orquesta y la Ópera de Montreal. En este sentido, los amantes de la música clásica tendrán el privilegio de escuchar en directo a una de las mejores Orquestas Sinfónicas del mundo. Alrededor de la plaza, en plena convergencia con las artes, las distintas comunidades étnicas han ubicado ahí sus comercios y restaurantes, dándole a esta parte de la ciudad toda la diversidad cultural que se merece.
Por otro lado, es evidente que el viejo Montreal nos ocupará más de un día en nuestro itinerario para conocer esta incansable localidad. Como toda parte vieja de una urbe, tiene su encanto y sus lugares de interés dignos de ser visitados. Es en esta zona de la ciudad, en medio de la Place d’Armes, donde se levanta uno de sus monumentos más emblemáticos: la Basilique de Notre-Dame. El interior de la iglesia, que se construyó a lo largo del siglo XVII, está trabajado con fastuosas tallas de madera que definen el arte decorativo quebequés. La parte antigua de la ciudad también es el lugar idóneo para sentarse en una de las numerosas terrazas o cafés que se encuentran dentro de los edificios históricos, considerados, por la tradición que esconden, auténticas joyas arquitectónicas. Ya que nos encontramos en el casco antiguo de la ciudad vale la pena pasear por el Vieux Port, el puerto viejo, hoy en día convertido en un lugar de recreo que regala noches de diversión al aire libre.
Con motivo de la celebración de la Exposición Universal de 1967, en Montreal se erigieron, en medio del río San Lorenzo, la Île Ste-Hélène y la Île Notre-Dame. La de Ste-Hélène es una diminuta isla boscosa que todavía conserva la estructura de una cúpula que sirvió de pabellón de Estados Unidos durante la celebración de la Expo ‘67 y que actualmente aguarda la Biosfera, un centro de observación medioambiental del ecosistema de los Grandes Lagos y del río San Lorenzo. En el extremo oriental de la isla todavía hay sitio para un parque de atracciones, la Ronde, donde pequeños y mayores podrán disfrutar de la feria. La otra isla, la de Notre-Dame, es conocida porque alberga el grandioso casino de Montreal, son muchos los que deciden probar suerte en las mesas de juego o en las máquinas tragaperras. Si el mundo del juego no es del agrado de uno, también tiene la opción de disfrutar, sin moverse de la isla, de un estanque con magníficos jardines y una zona habilitada para el baño público. Si el tiempo acompaña, este espacio constituye la única playa para bañarse de la ciudad.
Otra de las estructuras modernas de la ciudad es el Parque Olímpico, uno de los complejos deportivos más ambiciosos del mundo, construido para los juegos olímpicos de 1976. El estadio es uno de los edificios más destacados de esta enorme zona deportiva, más conocido como The Big O, por su original estructura que cuenta con un techo suspendido y con la torre inclinada más alta del mundo. Esta parte más alta del estadio funciona como excelente mirador de la ciudad. Junto al simbólico recinto se encuentra el museo Biodome, donde se puede contemplar la fauna y la flora de diferentes ecosistemas, ya que reproduce cuatro climas terrestres.
Precisamente, delante del Parque Olímpico encontraremos uno de los jardines botánicos más grandes del mundo. Casi 100 hectáreas para jardines, invernaderos y un insectario para poder estudiar desde cerca el mundo de los bichos.
Los edificios históricos del casco antiguo se contradicen con los numerosos rascacielos ubicados en el corazón de la ciudad, pero todos juntos constituyen una ciudad moderna que no olvida su pasado. Durante el verano es la mejor época para pisar esta localidad, toda su actividad se desarrolla a orillas del río San Lorenzo y es la mejor estación para disfrutar de sus numerosas actividades al aire libre. No debemos olvidar que Montreal es una ciudad que vive para organizar actos multitudinarios: la expo, los juegos olímpicos y los numerosos festivales de música y de cine que sigue organizando cada año son algunos de ellos. Es, simplemente, la ciudad perfecta: histórica, cultural y vividora.

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