Lisboa es la capital de Portugal y una ciudad de ensueño. Sus museos, sus monumentos de gran interés y sus paseos con alamedas floridas son algunos de los atractivos turísticos de Lisboa, ciudad, que para muchos, es uno de los rincones más románticos del mundo.
Fue el punto de partida de los viajes del descubrimiento en los siglos XV y XVI y ofrece a sus visitantes una variada combinación de posibilidades desde las estrechas calles de los barrios tradicionales hasta la ribera del Belem y la zona del Parque de las Naciones.
A Lisboa se la puede definir como una ciudad de contrastes y un encuentro de culturas. Dispone de una variada oferta cultural y turística, en una mezcla de modernidad y antigüedad fascinante. En la capital se puede disfrutar de un paseo en barco por el Tajo y el tranvía recorre las zonas antiguas de la ciudad.
El mejor lugar para comenzar la visita a la ciudad es el Rossio, también llamado Plaza de Pedro IV por una estatua de él que se colocó en el centro de la plaza en el siglo XIX, y en cuyos dos lados hay dos fuentes barrocas donde los floristas montan sus puestos. Al norte se encuentra el Teatro Nacional Doña María II, que conserva una bella decoración; y junto a él comienza la calle Portas de Sao Antao que está llena de restaurantes.
Muy cerca está otra plaza también muy animada: la Praça de Figueira, también con una estatua, en este caso ecuestre de Juan I y desde donde se divisan las murallas del castillo de San Jorge. Desde aquí se accede a la Iglesia de Sao Domingos de estilo barroco. Al norte del Rossio, por su parte, está la Praça dos Restauradores, lugar de unión de la ciudad baja con la moderna. La plaza la flanquean el edificio de Correos, el Hotel Avenida Palace y el hermosísimo Palacio de Foz del siglo XVIII, actual sede de la Oficina de Turismo y cuyos salones albergan multitud de pinturas.
La Baixa es el nombre que se da al conjunto de calles que parten del Rossio hasta la praça do Comercio y que constituye uno de los primeros ejemplos del trazado urbano moderno. La plaza del Comercio, con vistas al mar, es la más bella de la ciudad y destaca por los palacios de estilo pombalino que ocupan tres de sus lados y por el arco del Triunfo que se erige en el lado norte.
Por una escalinata de mármol se accede hasta el río donde hay embarcaciones que van a Caclichas (en la otra orilla del Tajo).
Cercana a esta está la plaza del Municipio donde está ubicado el Ayuntamiento , un edificio del siglo XIX en el que se exponen pinturas de Columbano.
Toda la zona se ha limpiado recientemente y las fachadas de la Rua Augusta, do Ouro y da Prata permanecen intactas así como las aceras conservan los dibujos originales.
La Catedral románica (al final de la ladera) está reconstruida con esbeltas torres sobre la Iglesia de Santo Antonio, erigida en el mismo lugar donde nació el santo. Lo más interesante de la catedral es el Tesoro que conserva la llamada “Cruz Filipina” con abundante pedrería y ricamente esmaltada en blanco y rojo.
El barrio más conocido, más antiguo y más hermoso es la Alfama (por debajo del castillo de San Jorge). Se recomienda comenzar su recorrido desde la parte sur. No debemos perdernos la rua de San Pedro donde se ubica la Casa de las Columnas; el Largo de San Rafael con hermosas viviendas de los siglos XVII y XVIII, en una de las cuales se halla la Torre de la Alfama; la rua de la Judaría; la rua de San Miguel; y la rua Cardosa.
En la zona hay dos pequeños templos: la Iglesia de San Esteban desde la que se obtienen muy buenas vistas; y la Capilla del Espíritu Santo, con pinturas del siglo XVI.
El Castillo de San Jorge, situado en lo alto de la colina, se encuentra a continuación del barrio de la Alfama. La subida al castillo, a pesar de ser bastante costosa, merece la pena sobre todo por las vistas que desde allí se obtienen de toda Lisboa.
Aunque ha sufrido varias reconstrucciones y remodelaciones es el edificio más antiguo de Lisboa, cuyos orígenes se remontan a la época prerromana. En los últimos siglos el castillo ha sido utilizado como residencia de los reyes. Junto al palacio se encuentran las ruinas de la capilla de San Miguel y una gran explanada desde donde se ve toda la ciudad.
A pesar de estar algo alejado del centro, el barrio de Belém conserva algunos de los mejores monumentos de la ciudad. El mejor lugar para iniciar el recorrido es la Plaza de Alfonso de Alburquerque, donde se alza el Paço do Belém, antiguo palacio de la Familia Real y en cuyas antiguas caballerizas actualmente se ubica el Museo de los Coches, donde se exponen modelos perfectamente restaurados que pertenecieron a la familia real.
Sin ninguna duda, uno de los monumentos más importantes de Lisboa es el Monasterio de los Jerónimos. Lo mandó construir Manuel I a finales del siglo XV para ofrecerlo a los monjes de San Jerónimo. Es de estilo gótico tardío pero con algunos motivos manuelinos y otros elementos del estilo plateresco. Destaca principalmente el claustro y su nave central sostenida por finísimos pilares.
La Iglesia de Santa María, es otra de las joyas de la zona. Se divide en dos partes diferenciadas: la que corresponde al coro y al transepto (s.XVI) y otra de estilo manuelino. En esta Iglesia se encuentra la tumba de Vasco de Gama y del poeta Camoens.
La Torre de Belém es el monumento más conocido de la ciudad construido bajo el reinado de Manuel I y que en origen fue una de las prisiones más importantes del país. La forma de la torre es cuadrangular, pero se prolonga en una plataforma rematada por almenas.
En este barrio hay tres museos muy interesantes como son el Museo de Etnología, el Museo de la Marina y el Museo de Arte Popular.

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Lisboa es una capital muy bonita y que hay que descubrir.
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