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Rusia: Un cálido país invernal

Desde los años de la Guerra Fría hasta la actualidad, los tiempos han cambiado mucho para Rusia.

La URSS, de la que Rusia era componente esencial, competía en aquel entonces con Estados Unidos por el control del planeta y por atraer a sus respectivos bloques el máximo número de países posible.
 
La lucha se desarrollaba cara a cara y los adelantos tecnológicos e industriales, sobre todo de índole militar, se sucedían sin cesar. Durante unos años el bloque del este parecía que ganaba la partida espoleado por los éxitos relacionados con la carrera espacial, pero el futuro deparó justo lo contrario. Tanto es así que hoy Rusia lucha por sobrevivir entre poderosas lacras como la corrupción, las mafias y la pobreza de sus habitantes, pero sin olvidar su glorioso pasado y de las grandezas que puede ofrecer a todos los viajeros que la quieran visitar.

El origen más cercano de la Federación Rusa data de 1917, cuando el pueblo se reveló debido a diversas causas e inició la Revolución Rusa. La revuelta desembocó en la proclamación de la Unión Soviética, guiada por Vladimir Lenin, y en el inicio de una nueva época para uno de los grandes imperios de la era moderna. Los primeros años de vida del gigante “euroasiático” se mostraron violentos y la situación empeoró hasta llegar a una guerra civil. En el conflicto, las fuerzas rojas superaron a las blancas o zaristas, que incluso contaban con algunos apoyos internacionales, y aseguraron un largo período soviético en la zona.

Una vez finalizada la contienda, por el sillón presidencial ruso pasaron varios de los líderes políticos más destacados del siglo. Así, después de la muerte de Lenin, Stalin ocupó su lugar y gobernó la Unión Soviética de manera brutal, con un saldo de varios millones de opositores muertos o desterrados a Siberia. Más tarde, ya durante la Guerra Fría, surgió otro nombre que la humanidad tardará en olvidar, Nikita Khrushchev. El “hombre fuerte” ruso impulsó la instalación de armas nucleares en Cuba con el objetivo fijado en la costa estadounidense, meses después de enviar a Gagarin a orbitar el planeta. Su choque con Kennedy en el bando “capitalista” estuvo a punto de desencadenar una guerra nuclear de consecuencias imprevisibles.
 
En el pasado más reciente, dos dirigentes marcaron la situación rusa actual. Primero, Mijail Gorbachov y su perestroika, la política que sorprendió a propios y extraños al marcar el paso del centralismo brutal a una cierta autogestión. Años más tarde, en 1991, Boris Yeltsin tomó las riendas de la URSS y vivió cinco meses de inmensa importancia para la zona. Una vez elegido presidente de la República de Rusia, Yeltsin lideró la respuesta popular al golpe de Estado que estalló en agosto, apenas sesenta días después de que recalara en el cargo. Meses después, en diciembre del mismo año, Boris Yeltsin tomó una de las decisiones que más han marcado el presente ruso y desvinculó a su país de la renqueante URSS. De esta manera, la segunda potencia mundial se desvaneció definitivamente en un final con más pena que gloria.

Moscú representa la los problemas de la federación concentrados en una sola ciudad. Situada en la parte europea del país, en la capital el viajero se puede encontrar desde lo más florido procedente de los años gloriosos hasta lo más patético provocado por el cambio de régimen económico. Como símbolo de la ciudad y casi con entidad propia, el Kremlin domina las listas de “qué no perderse” de todo turista que se precie. Las características del conjunto guardan ciertas similitudes con la “Ciudad Prohibida” pekinesa, aunque difiere en cuanto a su uso. Al igual que la residencia de los emperadores chinos, el Kremlin es un complejo de enormes proporciones protegido en su mayor parte por altos muros. En la fortaleza, significado de la palabra kremlin, el visitante encontrará grandes palacios, una plaza interminable y un gran número de iglesias y catedrales, pues no en vano, Moscú también ha sido la sede principal de la iglesia ortodoxa.

Aparte del Kremlin, la gran capital, que ya sobrepasa los límites impuestos por una autopista circular de 110 Km., alberga atractivos como para vivirla durante meses. Los 120 museos y galerías de arte, 35 teatros y salas de conciertos, como la Ópera Bolshoi, y las decenas de cines dotan de gran importancia cultural a Moscú. Además, para el que prefiera rincones emblemáticos y casi místicos, un paseo por el parque Gorky y una visita a la tumba de Lenin se hacen imprescindibles. Todo ello con traslados por el lujoso metro moscovita, la mejor muestra de los momentos de máxima prosperidad y de los tiempos actuales. Hoy en día, los numerosos mendigos que malviven en la ciudad encuentran su mejor refugio para las frías noches de Moscú en las distinguidas estaciones del metropolitano.
 
La única localidad rusa que alguna vez ha competido con Moscú es San Petersburgo. Si a la ciudad moscovita se la califica como la más asiática de las capitales europeas, la antigua Leningrado se enorgullece de ser la más europea de las urbes rusas. San Petersburgo nació en el año 1703. El zar que gobernaba Rusia en aquel entonces, Pedro el Grande, decidió construir una ciudad a imagen y semejanza de lo que había observado en el viejo continente. Para ello, el zar no dudó en destinar a más de 40.000 soldados y obreros, además de plantillas de fineses, prisioneros suecos e incluso mercaderes de regiones cercanas, que trabajaron hasta la extenuación y consiguieron levantar la maravillosa ciudad de piedra.

San Petersburgo, que también fue conocida como Petrogrado y Leningrado, intenta mantener hoy en día esa grandeza que de un plumazo le fue impuesta hace tres siglos. Muchos visitantes osan describirla como una de las ciudades más bellas del planeta, y en parte tienen razón. La antigua capital imperial alberga en su interior numerosos monumentos y enclaves dignos de admiración, pero uno sobresale por encima de todos, el Hermitage. El impresionante museo luce más de tres millones de obras de arte en los seis edificios que lo forman, uno de ellos el Palacio de Invierno, antigua residencia de zares. Gracias a semejante colección, el visitante hará un viaje en el tiempo y el espacio a la vez que lo recorre. Así, el turista pasará de la edad de piedra a la moderna o de Europa a la cultura oriental con sólo cruzar el umbral de una puerta.
Si el museo Hermitage destaca como el lugar más conocido de San Petersburgo, la fortaleza de Pedro y Pablo no tiene mucho que envidiarle. La construcción se caracteriza, entre otras cosas, por ser el primer edificio levantado en la ciudad en 1703. En un primer momento se pretendió que sirviera de defensa de unas tierras recién conquistadas frente a los suecos pero su uso se desvió hasta convertirse en una prisión política. Ilustres personajes, como Dostoevsky y Trosky, moraron la fortaleza, pero más curioso resultó el paso por sus celdas de Alexey, el hijo del zar Pedro. Incluso se sabe que el mismo Pedro supervisó personalmente la tortura de su hijo. Por último, para el que busca algo distinto en San Petersburgo, la subida a la torre del Centro de Radiotelevisión de la ciudad será una actividad perfecta. La vista en la plataforma para visitantes, a unos 200 metros, es impresionante y las sacudidas de torre en los días ventosos provoca una sensación única.

Para completar la visita al país, y dado que Rusia ocupa una ingente extensión con sus territorios, una de las mejores maneras de conocer sus peculiaridades geográficas es viajar en el mítico ferrocarril Transiberiano. Cada trayecto que inicia el famoso tren se convierte en una aventura. En total, los convoyes transiberianos atraviesan lo 9.446 Km. que separan Moscú de Vladivostok, en la costa este del país. Durante seis días y sus respectivas noches, por las ventanillas de los vagones se sucederán imágenes de las más áridas estepas, de vastos bosques de pinos y abedules o de lo que a primera vista parece un mar surgido de la nada. Se trata del lago Baikal, con una extensión similar a Cataluña y hogar de las únicas focas que prefieren vivir en agua dulce. Por cierto, algo imprescindible antes de embarcarse en este moderno periplo es llevar consigo unos buenos acompañantes o una interesante selección de música y lecturas. ¿Se imaginan 144 horas de aburrimiento y charla insustancial?

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...por Victor Regidor ...por Victor Regidor


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1 comentario en Rusia: Un cálido país invernal

  1. Me encanta Rusia, sus estados y sus zonas turísticas. A todo el que pueda le recomiendo que no deje de visitar el país, lo agradecerás.

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